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Con doble especialidad, el Dr. Fernando López decidió formarse en uveítis por el reto que supone tratar un paciente con esta patología y en glaucoma por el aspecto quirúrgico. Apasionado del deporte, compara ambas disciplinas ya que para él en la medicina la inmediatez no tiene cabida, siendo  una carrera de fondo en la que la actividad asistencial y la formación continuada permiten alcanzar el objetivo de ser mejor profesional.

¿Podría explicarnos qué fue lo que le motivó a dedicarse a la oftalmología y especializarse en uveítis?

Un estudiante de Medicina conforme supera los diferentes cursos académicos va percibiendo qué asignaturas le gustan más y cuáles menos. Va creando un ranking de especialidades entre las que poder elegir una vez realizado el examen MIR, en función de sus prioridades y de las plazas disponibles en el momento de elección.

En mi caso, la asignatura de oftalmología siempre fue una de mis preferidas y una beca de colaboración del Ministerio con el Departamento de Cirugía me permitió rotar durante unos meses en el Servicio de Oftalmología y conocer más en detalle el día a día de esta especialidad, lo que acabó por convencerme, y gracias a ello hoy soy oftalmólogo.

En cuanto a porqué decidí especializarme en uveítis, lo primero que tengo que decir es que las uveítis son una parte fascinante de la oftalmología. Engloban un grupo de enfermedades poco frecuentes y muy heterogéneo, que suponen un reto diagnóstico, ya que los mismos signos y síntomas pueden producirse por diferentes entidades clínicas. En cierta manera, podemos decir que realizamos una labor “detectivesca”, buscando pistas en la historia clínica, los antecedentes del paciente, los resultados de las pruebas complementarias, etc., que nos ayuden a encontrar la causa subyacente y así poder ofrecer el tratamiento más adecuado.

Además, el manejo de estos pacientes requiere la colaboración necesaria con otras especialidades como reumatología, medicina interna o neurología, lo que nos permite mantener el contacto con otros compañeros, algo que, en cierta manera, se pierde cuando tratamos enfermedades puramente oculares.

Por último, otra faceta que encuentro muy estimulante es que esta subespecialidad está muy ligada a la investigación clínica, tanto en lo que respecta por ejemplo al análisis de nuevas técnicas diagnósticas y su aplicación en la clínica, o al estudio de nuevos fármacos para el control inflamatorio.

Tras especializarse en uveítis decidió hacerlo también en glaucoma. ¿Por qué una segunda especialización?

Por necesidades asistenciales en un momento determinado surgió la posibilidad de dedicarme también al glaucoma. Uveítis y el glaucoma son dos enfermedades que coexisten en un elevado número de pacientes, por ello, cuanto mayor sea el conocimiento en ambos campos, mejor será el tratamiento que puedas ofrecerle al paciente.

Además no hay que olvidar que la oftalmología es una especialidad médico-quirúrgica por lo que el hecho de especializarte en una rama eminentemente médica como la uveítis, puede limitar en cierta manera esa otra parte quirúrgica de la especialidad.

Personalmente, me encanta la cirugía y realizar nuevas técnicas o modificaciones de las técnicas habituales para adaptarlas a cada paciente, intentando lograr el objetivo deseado. Y en el caso concreto del glaucoma, en los últimos años, justo se están desarrollando nuevas técnicas de cirugía mínimamente invasivas muy prometedoras.

¿Cuál de estos dos campos le resulta más interesante, el glaucoma o la uveitís?

Como comentaba anteriormente, las dos especialidades se compaginan. Me quedaría con el reto diagnóstico que supone un paciente nuevo con uveítis y con el aspecto quirúrgico del glaucoma.

¿Por qué hacer un Fellowship en la Aberdeen Royal Infirmary de Reino Unido?

Hoy en día, en la mayoría de los centros que cuentan con Unidad de Uveítis, formada por oftalmólogos, reumatólogos, internistas, infectólogos, etc., permiten un abordaje multidisciplinar de estos pacientes, pero hace años esto no era lo frecuente.

La uveítis es una especialidad que requiere conocimientos específicos, no sólo de diferentes subespecialidades oftalmológicas como la superficie ocular, la retina, el glaucoma, etc., sino también de enfermedades sistémicas que pueden ser la causa de dichas uveítis, o del efecto que los fármacos que utilizamos pueden tener sistémicamente. Por ello, considero que es necesaria una formación específica en dicho campo.

En mi caso concreto, tuve la oportunidad de formarme en la Aberdeen Royal Infirmary con el Profesor J. Forrester, una referencia en este campo, con una capacidad humana y docente enorme. Además, durante la formación específica en uveítis, tuve la oportunidad de completar la formación con una especialización en retina médica con la doctora Noemi Lois, especialista en retina médica y referente en el Reino Unido en dicho campo, que además se formó como oftalmóloga también en Santiago de Compostela.

Soy un defensor de la realización de estancias formativas en otros centros, ya que además de una mejor formación, te brinda la oportunidad de conocer otra forma diferente de trabajar a la que tú estás acostumbrado y que de otra manera no conocerías, lo que te permite tratar de aunar los aspectos positivos de ambos sistemas.

¿Recuerda cómo y cuándo inició su colaboración profesional en el Instituto Oftalmológico Gómez-Ulla?

Fue en enero de 2009, nada más llegar del Fellowship. Empecé a trabajar con el profesor Gómez-Ulla en lo que hoy es el Instituto Oftalmológico Gómez-Ulla, que en aquel momento se encontraba en el Sanatorio de la Esperanza, hace ya más de diez años.

En todos estos años de atención al paciente, ¿recuerda algún caso concreto que le haya marcado especialmente?

Creo que todos los oftalmólogos, con el paso del tiempo, recuerdan algún paciente especial, por algún motivo. En mi caso, nada más empezar en la clínica, conocí a una paciente con un tipo de uveítis muy raro y agresivo. Desde entonces hemos ido probando prácticamente todas las opciones terapéuticas disponibles en cada momento, incluyendo algún ensayo clínico,  para intentar controlar su cuadro inflamatorio y así conservar su visión, cosa que de momento estamos logrando. En la actualidad, sigue acudiendo a realizar sus revisiones cada 2-3 meses.

También son especiales los casos de algunos niños, que empezamos a ver hace unos años y que ahora siguen viniendo a la consulta ya como personas adultas. Estos casos son un ejemplo de lo que suponen este tipo de enfermedades crónicas, después de tantas visitas, en cierta manera pasas a formar parte de la vida de estos pacientes.

¿Qué principios considera fundamentales en la relación médico-paciente? 

Creo que la relación médico-paciente debe basarse en la honestidad y en la confianza mutua.  Si un médico, por el motivo que sea, no goza de la confianza del paciente, debe intentar resolver dicha cuestión antes de abordar cualquier otra cosa.

Intentar explicar nuestro punto de vista de qué es lo que creemos que está ocurriendo, qué opciones de tratamiento existen, etc., sin olvidar intentar resolver todas las dudas que el paciente tenga, es la clave para lograr esa confianza. Si esto no es posible, por las razones que sean, tanto por el bien del paciente como del propio médico, creo que deberíamos ser honestos y recomendar al paciente la valoración por otro compañero, para una segunda opinión. Un médico no debe ser parte del problema, sino que debe ser parte de la solución.

Tenemos entendido que es usted un apasionado del triatlón. ¿Podría contarnos como se inició en esta práctica y cuál ha sido su mayor logro en este deporte? ¿Cuál será su próximo objetivo?

El deporte ocupa un papel destacado en mi vida. Desde pequeño siempre hice deporte y desde los últimos 8 o 9 años practico triatlón. Es una disciplina deportiva muy completa y exigente, en la que no tienes tiempo de cansarte ni de aburrirte. De hecho es una especialidad que requiere una planificación adecuada y mucha disciplina en los entrenamientos si quieres lograr el objetivo que te planteas. En cierta forma, es muy parecido a ejercer como médico, donde la inmediatez no tiene cabida, y es una carrera de fondo en la que la actividad asistencial y la formación continuada te permiten alcanzar el objetivo de ser mejor profesional.

 

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