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El Prof. Francisco Gómez-Ulla representa a la cuarta generación de médicos que continuaron la labor del Dr. Ramón Gómez Fernández, que ejercía en Santiago de Compostela en el último cuarto del siglo XIX. Escogió la medicina por vocación y la oftalmología por convicción. Una profesión de la que dice ha incorporado de forma natural como una parte más de su vida personal y que se siente afortunado de poder ejercer ya que le ha permitido durante más de 40 años de ejercicio profesional ayudar a los demás.

 

Proceder de una saga de médicos ¿le influyó a la hora de decidir su futuro profesional? ¿Y por qué la oftalmología?

Realmente elegí medicina por vocación y mi padre no influyó personalmente en esa elección ya que siempre dejó libertad a todos sus hijos para que estudiasen lo que quisieran. No le oculto que su ejemplo personal, su destreza quirúrgica y el trato tan humano con los pacientes probablemente fue el motivo de que decidiese dedicar mi vida futura al servicio médico. Lo que sí me influyó fue sin duda llevar tan ilustre apellido para intentar honrarlo como se merecía. Elegir ser oftalmólogo no entraba en mis planes, pero tener un maestro que ejercía su liderazgo como yo he tenido en la persona del Profesor Manuel Sánchez Salorio es una suerte que he intentado transmitir con generosidad a los que me han sucedido y han trabajado o trabajan todavía hoy a mi alrededor.

¿Cómo ha evolucionado esta especialidad desde que comenzó a ejercer?

De una manera imparable y a gran velocidad. Casi no sería capaz de enumerar que técnicas estudiadas durante mi residencia sigo practicando actualmente. Como ejemplo le citaría la introducción del microscopio quirúrgico que cambió totalmente nuestra manera de operar; la cirugía ambulatoria con anestesia local o la división del trabajo y el nacimiento de subespecialidades en un campo aparentemente tan pequeño como es la oftalmología. Esta especialidad  ha evolucionado de la mano de la técnica y de la informatización de tal modo que hoy en día los conocimientos oftalmológicos sin una buena tecnología no son posibles y los avances técnico-oftalmológicos son abrumadores.

En estos 40 años de trayectoria profesional, ¿recuerda algún caso que le marcase especialmente?

Podría hablarle de muchos pero le contaré sólo una anécdota por ser quizás, que yo recuerde, la primera que me sucedió. Siendo yo todavía residente operé a una religiosa de cataratas, cuando le di el alta me dejó una nota escrita que decía “doctor usted es más que Dios porque él me dio la vista y luego me la quitó, pero usted me la devolvió”. Aunque evidentemente no se puede tomar la frase estrictamente desde el punto de vista literal, me hizo darme cuenta de que no había estudiado una especialidad de segunda clase, sino una especialidad en la que los oftalmólogos ejercíamos una importantísima labor,  y de todo el bien que podíamos hacer.

¿Es posible no implicarse emocionalmente?

Imposible no, pero sí muy difícil a veces. Casi nunca me acuerdo de los pacientes en los que las cosas han ido bien pero sin embargo sí tengo presente a todos aquellos pacientes que no pude curar. He operado a muchos miembros de mi familia, pero sorprendentemente una de las cirugías que hice con más tranquilidad fue el día que operé a mi padre de cataratas. Él era cirujano general y la confianza que depositó en mí y con la que entró al quirófano hizo que esa cirugía fuese de las más felices de mi vida. Años después pasó exactamente lo mismo en la operación de mi madre.

¿Qué le ha aportado tanto personal como profesionalmente la oftalmología en todo este tiempo que lleva ejerciéndola?

Una satisfacción inmensa al darme la oportunidad de poder ser útil a los demás. Desde mis primeras vivencias, la oftalmología la he ido incorporando de forma natural como una parte más de mi vida personal, dejando de ser sólo un trabajo para convertirse en un disfrute y en una manera de vivir intensamente esta profesión. Al mismo tiempo me ha permitido relacionarme y conocer a mucha gente a lo largo del mundo y poder compartir el ejercicio de esta actividad con mi familia.

¿De qué logros que haya contribuido a la práctica clínica se siente especialmente más satisfecho?

Sin duda, en el campo del diagnóstico, los relacionados con la imagen como son la angiografía de fondo de ojo con medios de contraste, el verde de indocianina, la angiografía digital, la tomografía de coherencia óptica (OCT) y recientemente la angio-OCT. Y en el campo del tratamiento, los láseres en oftalmología, la terapia fotodinámica y sobre todos ellos los tratamientos intraoculares con fármacos como los corticoides y los antiangiogénicos.

De la clínica que dirige dice siempre que es un Centro al servicio de todos los ciudadanos, ¿podría explicar por qué?

Porque nuestra razón de ser y nuestro centro de atención va dirigido a las personas que acuden a la clínica y a la sociedad en general mediante la educación e información sanitaria. Nuestra vocación es servir a los demás e intentar curarles, prestándoles la mejor atención humana y profesional posible, aconsejando lo mejor para ellos. Que sientan que es una clínica en la que todo el personal sanitario, de recepción, de administración y servicios trabaja para hacerles su estancia lo más agradable posible y que puedan acudir a nosotros con la confianza de un gran trato humano y profesional.

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