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El Dr. Maximino Abraldes procede de una de las familias más antiguas de Compostela que reside en esta ciudad desde el siglo XII y de una saga de médicos en la que ya su abuelo ejerció como oftalmólogo y del que dice le han influido su humanismo, su afán de superación, su capacidad de trabajo y también su terquedad. Los que le conocen  saben que la retina, la investigación, la docencia y la gestión son sus grandes pasiones dentro de su actividad profesional en la que considera fundamental la confianza, la comunicación, la honestidad y la humanidad.

 

¿Podría explicarnos por qué decidió dedicarse a la oftalmología y  especializarse en retina?

Cuenta mi padre, también oftalmólogo, que el día que nací me dijo que tenía que seguir la saga familiar. Siempre fui muy obediente, me encanta la ciencia y siempre he convivido con la oftalmología, así que puse todo mi empeño en ser oftalmólogo. Nunca pensé en ser otra cosa. La retina es la parte más apasionante de la oftalmología y la oftalmología es, a su vez, la parte más apasionante de la medicina. Me inicié en la retina con el Dr. Miguel Ángel Serrano durante mi época de residente de Oftalmología en el Hospital Universitario de Canarias. A él y al Profesor Francisco Gómez-Ulla les debo ser especialista en retina. El Dr. Serrano me hizo ver que era una parte de la Oftalmología muy distinta del resto. El Profesor Gómez-Ulla hizo posible que pudiese dedicarme a la retina. La retina es un tejido nervioso, es como una parte del cerebro dentro del propio ojo, entenderla, más allá de la propia patología, conocer el funcionamiento de la retina normal y patológica es un reto en sí mismo.

Proviene de una saga de médicos en la que ya su abuelo Maximino Abraldes Torquemada ejerció durante su vida profesional como oftalmólogo en Santiago de Compostela.  ¿Qué recuerda de él y en que le ha influido su ejemplo?

Los recuerdos de mi abuelo los tengo, más por lo que sus hijos me han trasmitido de él, que un propio recuerdo en sí mismo. Era un médico humanista. Su relación con la medicina iba más allá del propio conocimiento de la patología y de la terapéutica. Trabajador incansable y caritativo. Durante la mayor parte de su ejercicio profesional solo compartía profesión con tres oftalmólogos más en Santiago de Compostela. Su buen hacer como clínico y cirujano hizo que lo conociesen en toda la región. Tenía pacientes de toda Galicia, muchos de ellos con pocos recursos económicos a los que atendía de forma gratuita. Era un ganador nato, le incomodaba perder hasta al parchís. También era muy terco. Su humanismo, su afán constante de superación, su capacidad de trabajo, y por qué no decirlo su terquedad, son sus características que más han influido en mí.

Tenemos entendido que la relación de su familia con la ciudad de Santiago se remonta ya a la época de los Reyes Católicos. ¿Qué puede contarnos de su linaje compostelano?

Se remonta a mucho antes de los Reyes Católicos. Somos una de las familias más antiguas de Compostela. Existen documentos que confirman que los Abraldes ya vivían en Santiago en el siglo XII. Uno de los legados más antiguos para la construcción del Convento de San Francisco, pocos años después de la peregrinación de San Francisco de Asís a Santiago en 1214, fue realizado por la familia Abraldes, tal y como se recoge en los escritos de Antonio López Ferreiro. Cualquiera que cruce, cuando está abierta en Año Santo, la Puerta Santa de la Catedral compostelana podrá observar un sarcófago blasonado con las armas antiguas de los Abraldes en el cual se encuentra enterrado un antepasado nuestro que fue, por aquellos tiempos medievales, regidor de la ciudad. Varios miembros de la familia tuvieron cargos destacados en las instituciones santiaguesas como Pedro Abraldes, alcalde de la ciudad en el siglo XVI, o Gaspar Abraldes y Melchor Galos Abraldes, rectores  de la Universidad en el siglo XVII. Entre las propiedades de la familia se encontraban los terrenos en los que hoy se encuentra el Hostal de los Reyes Católicos. Como casi toda la nobleza gallega y portuguesa, los Abraldes tomaron partido por Juana la Beltraneja en la guerra de sucesión de Castilla a la muerte de Enrique IV de Trastámara. La represalia de los Reyes Católicos por luchar a favor de la Beltraneja fue expropiar esos terrenos a los Abraldes y construir en ellos el Hospital Real en el que, curiosamente, siglos después trabajaría mi abuelo y haría prácticas mi padre.

A lo largo de su ejercicio profesional lleva ya unas cuantas décadas trabajando codo con codo con el Prof. Gómez-Ulla tanto en la clínica como en la Universidad de Santiago de Compostela en ámbitos diversos como la práctica clínica, la investigación, la gestión de sociedades científicas…¿Recuerda cómo conoció al Prof. Gómez-Ulla y cuándo iniciaron su colaboración profesional?

Conocí al Profesor Gómez-Ulla en 1986, cuando estudiando cuarto de Medicina entré como alumno en el Servicio de Oftalmología del viejo Hospital General de Galicia. La verdad es que, desde el primer momento, establecimos una relación de trabajo y amistad que aún persiste actualmente. Me dio clase de Oftalmología en la carrera y en los cursos de doctorado. Aunque la residencia de Oftalmología la hice en Tenerife, el último año de residencia vine a rotar en Retina a Santiago donde volví a coincidir con él.  Fue mi jefe en el Servicio de Oftalmología del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago y lo sigue siendo actualmente en el Instituto Oftalmológico Gómez-Ulla. Durante años también trabajamos juntos como docentes en el mismo departamento universitario, él como catedrático y yo como profesor asociado de ciencias de la salud. Juntos hemos participado también en más de cincuenta ensayos clínicos y proyectos de investigación. Tenemos muchas publicaciones científicas en conjunto. Tuve la suerte y el placer de formar parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV) que él presidía. En esa junta directiva, al igual que el resto de los miembros, ambos trabajamos dura y desinteresadamente para ayudar a convertir a la SERV en lo que es actualmente, una sociedad modelo que siempre está en vanguardia y que es pionera marcando caminos que después otras sociedades han seguido. A lo lago de estas décadas he aprendido muchas cosas a su lado, no solo desde el punto de vista clínico sino también desde el punto de vista investigador, docente, de gestión, de organización y sobre todo desde el punto de vista humano. Todos los que me conocen saben que la retina, la investigación, la docencia y la gestión son mis grandes pasiones dentro de mi actividad profesional. Si he podido dedicarme a ello, con cierto éxito, se lo debo en gran parte al Profesor Gómez-Ulla. Es una persona con una enorme capacidad de trabajo. Cuando aún no hemos acabado un proyecto ya está pensando en el siguiente. Más que un jefe, es un líder que guía a su equipo para conseguir el éxito.

En todos estos años de atención al paciente ¿recuerda algún caso concreto que le haya marcado especialmente?

Sí, por supuesto. Podría recordar muchos casos pero hay uno que está siempre en mi memoria. Me refiero a Carmen, una señora con una endoftalmitis a la que tuve que hacerle una vitrectomía urgente. Me acuerdo siempre de ella por varios motivos. La intervención salió fenomenal y la señora recuperó totalmente la visión. Era mi primera intervención quirúrgica en el Instituto Gómez-Ulla y, además, mi mujer estaba ingresada en el Hospital pendiente de una cesárea, por embarazo gemelar, que le harían dos días después.

¿Qué principios considera fundamentales en la relación médico-paciente? 

Para mí los principios fundamentales son la confianza, que tiene que ser recíproca, la comunicación, la honestidad y la humanidad. La relación médico-paciente es una comunicación entre una persona que pide ayuda o consejo y otra persona capaz de prestarla. Tanto el médico como el paciente deben tener confianza uno en el otro y los dos en si mismo. Debe establecerse una comunicación honesta por ambas partes, de modo que el médico debe ser consciente de que está capacitado para resolver el problema de esa persona y el paciente debe entender que si oculta información el médico no podrá ayudarle.

Cada año en una fecha señalada manda una carta a todos sus compañeros del Instituto Oftalmológico Gómez-Ulla. ¿Podría contarnos qué les cuenta en ella y el motivo por el que decidió poner en marcha esta iniciativa?

La fecha es el 13 de diciembre, día de Santa Lucia patrona de los oftalmólogos. Tiene relación con lo que comentaba antes cuando hablaba de mi primera cirugía en el Instituto. Esa cirugía fue un 13 de diciembre y dos días después, un 15 de diciembre nacían mis hijos. Una conjunción de fechas memorable. Aprovecho esa carta para felicitar Santa Lucía y la Navidad a mis compañeros al tiempo que les recuerdo que cumplo un año más trabajando en el Instituto. Esa carta es como un pequeño ensayo en el que los personajes son mis compañeros. En tono jocoso, algo irónico, pero también divertido, trato de describir el día a día, las rutinas, costumbres y anécdotas de la Clínica. La verdad es que esa carta se ha convertido ya en un clásico todos los años pocos días antes de Navidad.

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